
Es agotador querer comprender qué es la vida, buscar sentidos, analizar teorías, repetir frases, interpretar, dudar, será esto, será lo otro... buf. Qué cansancio. Gracias al cielo, una angelita terrestre danzadora de corazones, ha agitado hoy su varita mágica en mi torrente de pensamientos con tan solo una pregunta: ¿y si no hubiera ningún sentido? Y de pronto algo se ha calmado. Ha sido maravilloso volver a experimentar lo que es simplemente estar viva y respirar. Sentir el sol, mirar el mar, pisar la arena, percibir los sonidos de fuera, jugar con Quinua (que hoy por cierto se ha bañado), reírme con ella. Y ya está. Sin más. Así de sencillo. Esto es vida y esto es la felicidad.
Qué liberación.
Gracias, angelita.